Hoy debería ser un día de luto nacional. Pues perder a Bibiana y su Ministerio es perder la sorpresa, la perplejidad, el asombro, la alucinación. Nuestros días ahora serán tristes y grises, aburridos, lineales...
¿Quién será ahora capaz de decir cosas tales como “un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no es un ser humano”?
O “cualquier joven puede ponerse tetas sin que sus padres lo sepan”?
O esa maravilla lingüística de “…los miembros y las miembras de esta comisión”...
O “en nuestro país, los hombres árabes o musulmanes pueden vestir al modo occidental porque su cultura no les exige que lleven ningún símbolo". Identificando árabe con musulmán.
O anunciando a bombo y platillo la creación de un “teléfono para resolver las dudas de los maltratadores”.
El mundo ya no será lo mismo ni el sol de cada día brillará igual.
Solo nos podrá proporcionar alivio los alucinantes debates que a partir de mañana -casi con seguridad- se van a establecer entre la Pajín y la clase médica. Creo que van a ser dignos de estudiar. Una vez más está demostrado que cuando una puerta se cierra otra se abre. Al menos nos sigue quedando ella para conservar la esperanza de seguir sonriendo a pesar de la crisis que no existe.
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