En realidad, y a mi modesto entender, lo que ha propiciado no es la creación de empleo o al menos frenar la sangría del aumento del paro, sino que la empresa en su plan de ajustes tenga una vía de escape, de supervivencia en un despido más barato. Es lo que en una guerra llamaríamos sacrificar peones para salvar al rey, que una vez avanzada la partida procurará mejores condiciones tras ganar la partida. Y estaría dispuesto a ser paciente con esto, pero no se ha tenido en cuenta un factor, el del vicio humano. Y por las prácticas de unos en el pasado y de otros en el presente ahora creo que me doy cuenta de dónde se sitúa el error.
La legislación laboral anterior, que procuraba una defensa a ultranza de los derechos del trabajador en su afán por evitar abusos del pasado, estableció el marco ideal para que algunos abusaran de la misma. Es así como nos hemos sido testigos de trabajadores en situación de baja interminable por vaya usted a saber que padecimiento. Con trabajadores que teniendo la categoría de fijo, abusaban a modo de chantaje porque despedirlo le salía al empresario por un riñón. Liberados parcial o totalmente por motivos sindicales, sin dar un palo al agua. En fin, todo el mundo conoce muchos casos en este sentido.
El problema es que hemos sacado el cañón de matar moscas y ahora, en lugar de equilibrar la balanza la hemos situado en el extremo opuesto. Y amparándose en la angustia del paro que pasa por las cabezas de los que aún tienen trabajo, algunos empresarios golfos, que los hay también a miles, están abusando de sus empleados hasta límites insoportables. Y volvemos al viejo argumento, aquel de no protestes o no exijas tus derechos que ahí está la puerta y en la calle hay cola para ocupar tu miserable sitio. Muchos casos de empresarios que pagan en mano y en metálico y que un mes tras otro olvidan entregarle al trabajador su nómina.
En otros casos está quién es contratado para, por ejemplo atender un mostrador, pero como cometió el error de poner en el curriculum que era una persona con una buena preparación está desde atendiendo al mostrador, a cualquier labor de mayor cualificación, pasando porque le ponen un rodillo en la mano cada cierto tiempo porque hay que darle una manita de pintura al local.
Y finalmente ponemos el caso del ejecutivo golfo que amparándose en la expectativa de supervivencia y en la angustia, anda por ahí haciendo simulacros de entrevistas a chicas jóvenes, a las que ofrecerá un trabajo magnífico en una gran empresa, pero que tendrán un periodo de prueba de quince días, y tendrán que ir al tal sitio a pasar otra prueba pero que él la recoge y la lleva. Todo esto aderezado con la promesa de sueldo, dietas, coche de empresa e invitación a cenar en restaurante. Es entonces cuando observo otro de los resultados de la reforma laboral.
Tras pensar en todo esto es cuando entra el más profundo asco, porque ya no solo es que la clase política esté incapacitada, el problema es mucho mayor. Imagínense que mañana aparece uno decente. Tendría que ser algo parecido a superman porque qué político puede llegar a ser válido si tiene que buscar una formula para muchos gobernados carentes de cualquier vestigio de moralidad, de ética, de vergüenza en definitiva. Nuestros políticos no son mas que el reflejo de nuestra sociedad.
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