miércoles, 17 de agosto de 2011
La visita del Papa
Una Jornada Mundial de la Juventud no es un evento cualquiera. La enorme afluencia de público de todos los puntos del globo y los años que lleva su preparación lo asemejan mucho -desde el punto de vista público- a un Mundial o a un gran evento deportivo. Por eso no es de extrañar las ventajas fiscales que reciben sus patrocinadores, fruto de haberse declarado acontecimiento de excepcional interés público, como se ha hecho también con la Copa América de Vela o lo será con el Mundobasket de 2014.
¿Que alguien desea criticar esta política?. Está sin duda en su derecho. Pero circunscribirla a la visita del Papa demuestra a las claras el carácter meramente instrumental de la protesta. A la izquierda no le molesta que se gaste el dinero público, pues entonces no sería izquierda; lo que le fastidia de verdad es que se proponga una moral y un estilo de vida completamente contrapuesto al que ella considera ideal. Esa moral -mejor o peor- que es la que pregona la Iglesia y a la que son fieles tantos millones y millones de personas en el mundo.
Cuando la izquierda ha ocupado todo el espacio político, anulando a la derecha y haciéndola desaparecer, solo ha predominado el amordazamiento, el totalitarismo y el sometimiento servil de esa misma clase a la que tradicionalmente ha alardeado defender. Nuestra historia más reciente está llena de ejemplos.
Ninguna ideología sobrevive si pretende o aspira a la exclusividad, pues cuando ésta se produce, siempre termina por convertirse en su perversión y, al final, hasta en su muerte.
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